El original
Juan Francisco Reverón Sebares
Después de muchos años retomo el blog. ¿Como terapia? Puede ser, pero sobre todo lo hago para recuperar una rutina que me gusta y que había perdido: escribir a mano. Con tanto correo, Word y ahora inteligencia artificial, creo que se ha perdido la costumbre de escribir a mano, y es algo magnífico, sobre todo para centrarse en una sola cosa.
Mi letra no es la mejor, y mi ortografía, mi sintaxis y demás son nefastas, pero mejoraré. Nunca fui ducho en lengua ni soy un erudito de la escritura. Esto lo hago como afición mientras escucho mi música, que va desde Benito Cabrera hasta Dire Straits. Soy así de caótico.
Por mi cabeza pasan mil ideas al día, y escribir me ayuda a ordenarme y a seguir un hilo. Las agendas, los cuadernos y los folios los abandonaba muy rápido, pero creé con la inteligencia artificial un sistema llamado Dojo, con recompensas, que recoge mis tareas, correos y asuntos pendientes y me los ordena, y yo tengo que alimentarlo a mano en el folio.

Y así nace la idea de retomar el blog escribiendo a mano. Volver al origen, a lo original, al original.
No sé si a alguien más se le ha ocurrido esta idea, escribir un blog a mano, pero a mí me parece única. Siempre creo que lo que pienso va a contracorriente, que nadie más lo hace ni se le ha ocurrido, y muchas veces me doy de bruces con la realidad: no soy único. Aun así, soy como ese genio loco o inventor que descubre que su idea ya está patentada y sigue pensando que es única y especial.
Con este manifiesto, caótico y especial como yo, quiero presentarme. Dirijo una empresa familiar de cuatro generaciones. ¿Única?, ¿especial? Pues seguramente. Soy padre de tres hijos y un amante de lo nuevo: me gusta aprender y desarrollar, la impresión 3D, los drones, la inteligencia artificial, las webs… y un largo etcétera.
Pero, a la vez, soy fiel defensor de los valores que me han inculcado: esfuerzo, tradición y honor. No soy hombre de hablar mucho ni de gran carisma. Esto último también me ha animado a volver a escribir, viendo cómo están el mundo y nuestra sociedad, y con la preocupación de que a mis hijos les van a tocar tiempos muy difíciles.
Esta carta de intenciones es mi propósito: que mis hijos me conozcan en negro sobre blanco (azul, en este caso), y también quien quiera leerme.
Las páginas tal como salieron del cuaderno, con sus tachaduras y añadidos.


Escrito a mano, en azul.
